Albúm 2016

La ciudad escuchada. Las Palmas de G.C. Fundación Mapfre

Un objeto singular: el disco como documento urbano

La ciudad escuchada ocupa en esta serie de discos un lugar radicalmente distinto al de todos los demás. No es un álbum de música compuesta, no tiene intérpretes identificados en la portada, no reúne compositoras ni ensembles. El título y el subtítulo —Las Palmas de Gran Canaria— anuncian otro tipo de proyecto: una grabación de campo, un archivo sonoro urbano, un documento que escucha la ciudad en lugar de producir música sobre ella.

El concepto se inscribe en la tradición del soundscape o paisaje sonoro, que desde los trabajos de R. Murray Schafer en la década de 1970 y el World Soundscape Project de Vancouver ha generado una práctica artística y documental centrada en registrar el entorno acústico de un lugar como si ese entorno fuera en sí mismo una composición. La diferencia entre grabar música inspirada en una ciudad y grabar la ciudad misma no es estética sino ontológica: en el primer caso, el compositor media entre el lugar y el oyente; en el segundo, el lugar habla directamente, y el papel del artista o documentalista se reduce al de editor, al de quien elige qué escuchar y desde dónde.

El papel de la Fundación MAPFRE Canarias

La Fundación MAPFRE Canarias es el resultado de la unión en 1992 de dos fundaciones —la Fundación Mutua Guanarteme y la Fundación MAPFRE— que desde entonces trabajan juntas por el desarrollo cultural y social de la comunidad canaria. Su sede institucional está ubicada en el histórico barrio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria, junto al Barranco de Guiniguada, en una de las zonas donde se concentran los edificios emblemáticos de la ciudad, como la Catedral de Santa Ana. Esta localización no es un detalle menor: Vegueta es el corazón histórico de la ciudad, el barrio donde conviven la arquitectura colonial, los mercados tradicionales, las iglesias coloniales y el tránsito cotidiano de una ciudad portuaria y atlántica. Es el espacio donde Las Palmas suena de manera más densa y estratificada. 

La portada como poética

La imagen de portada es ya un programa estético. Las franjas verticales desenfocadas —beige, gris, terracota— evocan las fachadas de la ciudad vista desde un vehículo en movimiento, o el efecto de una larga exposición fotográfica que convierte el paisaje urbano en abstracción cromática. No hay edificios reconocibles, no hay iconos turísticos ni vistas de Las Canteras o del Puerto. La ciudad aparece como pura textura, como vibración visible del aire que también transmite sonido. Es una portada que propone una escucha antes de abrir el disco: la ciudad no se ve, se escucha.

Las Palmas como ciudad-sonido

Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad acústicamente extraordinaria. Es simultáneamente ciudad portuaria —con sus grúas, sus buques, sus muelles—, ciudad atlántica —con el viento constante y el mar que rodea el istmo de la Isleta—, ciudad colonial con su barrio histórico de Vegueta —con sus adoquines, sus campanas y su mercado—, y ciudad contemporánea con su tráfico, sus mercados de La Feria, su música en la calle. Es también una ciudad de paso, donde el sonido del español se mezcla con lenguas africanas, inglesas y escandinavas en el Puerto de la Luz, uno de los más transitados del Atlántico.

Un disco que escucha todo eso no está documentando solamente una ciudad española: está registrando un nudo de civilizaciones, un punto de confluencia entre Europa, África y América que tiene un sonido propio e irrepetible.

Lectura de conjunto

La ciudad escuchada es el disco más conceptualmente austero y al mismo tiempo más filosóficamente ambicioso de toda la serie. Allí donde los demás discos llevan firmantes, intérpretes, compositoras y sellos, este lleva solo un nombre geográfico. La pregunta que plantea es radical: ¿puede una ciudad ser escuchada? ¿Puede el acto de grabar y editar los sonidos cotidianos de un lugar constituir un acto artístico, un acto de memoria, un acto político? La respuesta implícita de este disco —producido por una fundación privada en una ciudad atlántica que raramente protagoniza este tipo de proyectos— es que sí, y que el resultado merece ser editado, conservado y difundido como si fuera una partitura, como si el ruido del viento sobre el Barranco de Guiniguada o el sonido de las gaviotas en el puerto tuvieran la misma dignidad cultural que una sinfonía.

Partituras disponibles en este albúm

Cuatro miradas a un infinito limitado para oboe, violonchelo y piano

LV-045-a

oboe, violonchelo y piano

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